Desquiciante. Ésa es la palabra: desquiciante. Sales del cine y, mientras vas por la calle camino a casa, la música de “El lago de los cisnes” te va golpeando dentro. “Ella es el cisne, se convierte en el cisne…” “El papel la mata”...
La película te palpita dentro, te turba… curiosamente no tanto mientras la ves sino después de haberla visto. Te das cuenta que “algo” se te ha quedado dentro. Estás medio en shock, conmovida, melancólica, semi-triste… Y digo yo: si esto ocurre es que alguien ha hecho algo bien.
Mientras, Txaikowsky sigue sonando en tu mente…
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